Let's get cosy
La suavidad a la sueca (versión Mezamé)
Cuando el invierno llega de verdad, el frío, la noche que cae a las 16h, los niños que se niegan sistemáticamente a ponerse las zapatillas… tenemos dos opciones: quejarnos (somos muy buenos en eso) o hacer como los suecos: convertir la casa en un pequeño nido acogedor donde se vive mejor, más despacio (spoiler: ellos también necesitan zapatillas)
Buenas noticias: no hace falta una cabaña de madera ni saber pronunciar "hygge". Podemos hacer exactamente lo mismo que ellos, y de forma sencilla.

¡Os explicamos cómo lo viven ellos para que podáis adaptarlo en casa!
En Suecia, cuando llega el invierno, no se lucha contra el frío. Se le da la bienvenida. Se le domestica. Se convierte en la excusa perfecta para ralentizar, encender una luz suave, velas por todas partes, (vamos, que vivimos un apagón del barrio) y arroparnos en un rincón mullido donde se respira bien… El principio: crearse momentos cómodos, sencillos y sinceros.
Lo que los suecos nos enseñan sobre el invierno. Que el confort se construye, que el calor no solo viene de los radiadores. Que el suelo puede convertirse en el mejor lugar del mundo (eso en Mezamé ya lo teníamos clarísimo) y que la calidez lo cambia todo. Y sobre todo, no esperamos a que el invierno sea agradable (porque seamos sinceros, los pies fríos nunca son agradables) en fin, lo hacemos agradable nosotros.
Las reglas básicas
Luz baja, ambiente suave, nada de neón, nada de plafón agresivo pasivo. Los suecos iluminan desde abajo, (ya sabes, esa lamparita al ras de la mesa, eso es hygge) pequeñas lámparas de apoyo, (muchas) velas, pequeñas guirnaldas. Materiales cálidos. Algodón mullido, lana, lino… y sobre todo rincones y recovecos donde apetece instalarse (y no hacer nada). Se vive "en el suelo"… oye, eso nos recuerda a alguien. Las familias se sientan mucho en el suelo, sobre los tapetes, cerca los unos de los otros.
Una manera genuina de reconectarse, sencilla pero poderosa. Ralentizamos. Sin necesidad de programa. Un juego, una merienda, un cuento, un abrazo. ¡Hacemos poco, pero lo hacemos bien! Cultivamos el "lagom". Ni demasiado, ni demasiado poco. Justo lo necesario para estar bien. (Esta parte todavía se nos escapa un poco, jaja)

¿Cómo sería el hygge en casa? Ven, no hacemos nada y lo hacemos bien… Ven, nos queremos y nos importa poco lo demás ¿os hacéis una idea, no?
Porque sí, tenemos hijos. Así que lo de velas encendidas + silencio profundo raramente está en el programa, seamos honestos… Entonces, aquí va la versión posible, (y no perfecta) Un tapete de vida donde todo el mundo se instala. Una luz suave, aunque la guirnalda parpadee un poco demasiado. Una merienda sencilla, aunque deje migas por todas partes. Un momento de calma, aunque dure 8 minutos y 24 segundos. Abrazos espontáneos, aunque se conviertan en caos bastante rápido.
No hace falta una gran decoración, nosotros tenemos lo que necesitas… un tapete, una luz suave, una manta que abriga, un rincón donde de verdad uno se detiene.
¿La verdadera receta del cosy? Suavidad, mullido y momentos sencillos compartidos al ras del suelo. Porque es ahí donde todo ocurre. Es ahí donde se respira. Es ahí donde la familia se reencuentra. En fin, EL ARTE DE VIVIR EN EL SUELO (a oscuras)
Así que vamos a ponernos cómodos. De verdad.
