¿Los bebés vienen con manual de instrucciones?
Si es la primera vez que oyes hablar de los reflejos arcaicos, bienvenido a un mundo fascinante. Prometido, nada de jerga técnica aquí: solo lo justo para entender mejor lo que ocurre en el cuerpo de tu bebé (y poder soltar «reflejo de Babinski*» con total naturalidad en la próxima cena del sábado).
El kit de inicio: 70 reflejos llamados primitivos. Estos reflejos son movimientos automáticos e involuntarios, desencadenados por un estímulo (un sonido, un contacto, un desequilibrio, un olor…). Aparecen in utero, ayudan al bebé a llegar al mundo y le permiten sobrevivir. Nada menos. Una decena de reflejos se comprueba al nacer para asegurar el correcto funcionamiento neurológico. Mamar, agarrarse, sobresaltarse ante un ruido, buscar un apoyo… todo esto sienta las bases de su desarrollo motor, sensorial, emocional y cognitivo. Cada reflejo tiene una misión precisa. Cuando su pequeña mano agarra con fuerza tu dedo, es adorable. Pero sobre todo muy útil. Este reflejo de prensión prepara, entre otras cosas, la futura motricidad fina y el manejo del lápiz en el colegio.
Porque la historia acaba de empezar. Estos reflejos, esenciales hasta los 3 años aproximadamente, deben… desaparecer (se dice que se "integran"). Progresivamente, el movimiento automático se convierte en un gesto controlado. Y he aquí lo más contraintuitivo: para que un reflejo desaparezca, debe usarse muchísimo. Sí, sí, se usa mucho… para dejar de usarse. ¿Seguís con nosotros? Entonces, como padres, ¿qué hacemos? Lo menos posible. Es el famoso «Less is more» del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe (segunda referencia para brillar el sábado por la noche). Para que todo encaje con suavidad, vuestro bebé necesita sobre todo espacio.
¿Vuestro mejor aliado? Nuestra alfombra, claro, con su superficie firme para apoyarse, cómoda para pasar tiempo en el suelo, y suficientemente grande para dejar espacio a la exploración. En su primer terreno de aventura, ¡el bebé sale a descubrir la gravedad! Desde los primeros meses, no dudéis en añadir la funda sensorial: sus contrastes en blanco y negro estimulan de forma natural el despertar visual y animan a los más pequeños a girar la cabeza, moverse, darse la vuelta, gatear.

¿Y si algunos reflejos se alargan más de la cuenta? Se dice que son «persistentes». Es algo habitual en niños, adolescentes y… también en nosotros. A veces se traduce en una coordinación algo insegura, hipersensibilidad, agitación o falta de concentración. Resultado: hasta fallamos el lanzamiento de peluche a nuestro Ciao Bazar.
El más conocido, el reflejo de Moro — cuando tu bebé se sobresalta abriendo los brazos — actúa como un sistema de alarma. Una vez integrado, ayuda al niño a gestionar mejor el estrés y su seguridad emocional. Pero si permanece activo, es como un botón de "pánico" que se dispara con demasiada facilidad. Resultado: hipersensibilidad, reacciones intensas, fatiga, mareos en el coche…
Buena noticia: nuestro cuerpo sigue siendo increíblemente moldeable, estos reflejos pueden integrarse a cualquier edad — a los 5 años, a los 16, e incluso mucho después de los 40. Y como suele ocurrir, el movimiento sigue siendo la clave. En resumen, como padres, tened el buen reflejo (la tentación era demasiada): confiad en vuestro hijo y dadle espacio. Y tranquilos, él ya viene con el manual de instrucciones.
*El reflejo de Babinski, ¿y qué más? Cuando se roza el borde externo del pie, el dedo gordo se levanta y los demás se abren… en abanico. Si permanece activo, puede provocar torpeza y dificultades de equilibrio. Se detecta a menudo en pies planos o en las puntas de los pies giradas hacia dentro.
Alternativa a *: *Es curioso, Pedro, tienes las puntas de los pies ligeramente hacia dentro y una torpeza bastante encantadora. ¿No será que tu reflejo de Babinski sigue un pelín activo? (¡Que llegue ya el sábado!:)