Nacido para estar en el suelo
Sofá VS Alfombra: el combate
Apoyado en una montaña de cojines, el pequeño observa con atención la vida del salón. Cómodamente instalado, está orgulloso de participar a la altura de los mayores.
Pero si lo miramos de cerca, parece un poco desplomado… como nosotros después de tres episodios de Netflix sin pausa (rarísimo, ¿verdad?). Nada preocupante. Y hasta bastante lógico.
¿Por qué? Porque la naturaleza es sabia. Para sentarse solo, tu hijo necesita fuerza, equilibrio y, digámoslo, desarrollar sus músculos. Y antes de llegar ahí, es todo un camino. Boca arriba, luego boca abajo, rodando, reptando, girando, prueba, repite, ajusta… hasta el triunfal impulso sobre sus bracitos, preludio de la posición sentada. Así construye sus propias bases, a su ritmo.
Mientras no se siente solo, lo más sencillo es no sentarlo. Aunque sea muy tentador e incluso con el mejor cojín de lactancia del mundo bien colocado detrás:). Es cierto, le encanta estar a la altura de los adultos, en el centro de la acción. Pero atrapado en esa posición, le resulta difícil alcanzar un juguete, cambiar de ángulo o salir a la aventura.

En el suelo, libertad total. Bienvenido al maravilloso mundo de la motricidad libre. Los más pequeños desafían la gravedad, descubren sus pies, intentan volteretas torpes. Es todo ese trabajo invisible el que prepara una posición sentada estable y, más adelante, la marcha. Para que esta exploración sea un placer, hace falta el equipo adecuado. ¿En una cama demasiado blanda? Se hunde. ¿En el suelo de baldosas? Resbalaaa. Con su densidad de espuma ideal, nuestra alfombra a la vez firme y cómoda, grande y sin bordes, lo cambia todo. Ofrece justo la resistencia necesaria para apoyarse, empujar con las manos, incorporarse. Y la suficiente suavidad para amortiguar las pequeñas caídas. Porque antes de encontrar el equilibrio, habrá inevitablemente algunos «crash-tests». Con un suelo adecuado, uno se levanta rápido y vuelve a intentarlo.
¡Victoria de la alfombra Mezamé!
¿Y si ya lo hemos sentado? Sin pánico. La idea no es prohibirlo, sino equilibrar. Simplemente priorizamos el suelo siempre que sea posible. Podemos aprovechar para tumbarnos con él y jugar a su altura: además, visto desde abajo, el mundo es bastante agradable:)