Cuidarse durante el invierno

Prendre soin de soi pendant l'hiver

El invierno siempre pide un poco más de suavidad. Los días se acortan, salimos menos, a veces dormimos mal y nuestra energía sube y baja. Para atravesar esta estación sin dejarse vencer por el cansancio, Emmanuelle Rigeade, enfermera puericultura en MAY, nos comparte consejos sencillos y realistas, los que se pueden aplicar sin añadir más carga mental.

Primero, volvemos a lo esencial: dormir lo suficiente. No es un lujo, es la base. El cuerpo se fortalece por la noche, el sistema inmunitario se repara, y muchas pequeñas señales de cansancio invernal se calman simplemente con noches un poco más largas y un poco más «de verdad». Después, comemos de todo sin complicarnos la vida: frutas, verduras, proteínas, hidratos, vitaminas… El invierno no está hecho para las privaciones. Cada alimento aporta algo que ayuda al cuerpo a aguantar, así que variamos, llenamos de color el plato, nos nutrimos.

Para evitar los pequeños males de temporada, nada revolucionario, pero sí gestos simples que funcionan: lavarse las manos al llegar a casa, antes de ocuparse del bebé, e incluso más a menudo cuando hay mucho contagio. Ventilamos la casa mañana y noche, solo diez minutos, aunque haga frío, porque eso es lo que realmente elimina los gérmenes. Limpiamos regularmente los juguetes y los chupetes, y si estamos resfriados, nos ponemos mascarilla para cuidar al pequeño. Y si el bebé coge un catarro, le lavamos la nariz regularmente para evitar que se complique.

La piel también sufre en invierno. El frío de fuera, la calefacción de dentro, todo la reseca. Entonces pasamos a jabones sin jabón, reducimos la frecuencia de los baños, bajamos un poco la temperatura del agua e hidratamos generosamente con una crema suave o calmante si hace falta. Son pequeños hábitos que lo cambian todo.

El aire de nuestras casas puede volverse demasiado seco en invierno sin que nos demos cuenta. Podemos medir la humedad con un pequeño aparato muy accesible y apuntar a entre el 40 y el 60 %. Si está demasiado seco, un simple bol de agua sobre el radiador o ropa tendida en la habitación suele ser suficiente; si hay demasiada humedad, ventilamos un poco más. Es un equilibrio sencillo, pero que tiene mucho impacto en el bienestar de toda la familia.

Y además, salimos. Aunque sean diez minutos. Aunque sea solo para dar una vuelta a la manzana. Ver la luz del día, poner el cuerpo en movimiento, respirar el aire de fuera: eso ya es un verdadero cuidado invernal en sí mismo.

El invierno es también el momento perfecto para reencontrarse con los seres queridos, crear burbujas de ternura, pequeños rituales, momentos simples que nos llenan. Un juego, un abrazo, una merienda bajo una manta, en la alfombra con un libro, un puzle… Nuestros depósitos afectivos se vacían más rápido en invierno, así que nos hacemos bien con las cosas que nos hacen bien.

Y sobre todo, nos escuchamos a nosotros mismos. Dejamos de buscar el rendimiento, los objetivos demasiado ambiciosos o las listas interminables de tareas. Si conseguimos salir un poco, cocinar algo rico, movernos unos minutos o echar una siesta cuando lo necesitamos, ya es genial. El invierno no es un maratón, es una estación en la que uno se ralentiza, respeta su ritmo y acepta que todo pueda ir un poco más despacio.

Al final, cuidarse durante el invierno no es cambiarlo todo: es simplemente volver a lo sencillo, a lo suave, a lo posible. Dormir, comer bien, respirar, salir, mimarse y escucharse. Pequeñas cosas hechas con regularidad, pero que marcan una gran diferencia.

manta maxi suave y acogedora

Regresar al blog